Poner "¿Qué ganas con llegar si igual te irás con el viento?"
O "vas a quedarte" a pesar de que te fuiste antes de llegar.
Puedo poner las canciones más tristes esta noche,
como por ejemplo aquel vals que nunca bailamos o
la banda sonora que suena cuando va a morir tu personaje favorito.
Puedo poner las canciones más tristes esta noche
que superarían a los versos de Pablo Neruda.
Porque rotas las alas,
muerta la mariposa y aún viva,
ya no podrá volver a volar.
Puedo poner las canciones más tristes esta noche,
sí,
pero esa mariposa se adaptará hasta cumplir lo imposible
y bailará la vida,
que no la pena como Macaco.
Cuando los por qués no tienen el mismo lugar que el cómo.
Algunas cosas no pueden ser dichas con palabras porque ni mi propias frases pueden acercarse ni un ápice a lo que en el corazón se cocina. Un cóctel explosivo del que tú formas parte.
Y me cuestiono a diario, cómo.
Cómo puede ser que una persona, entre tantos mil, sea la que se clave en mi mente como lo hacen tus ojos miel cuando me observas fijamente. No creo en el destino pero sí en las casualidades y agradezco a la vida, y a esa serie de eventos que hicieron que tú y yo nos conociéramos, rozando piel y razones de peso, para vernos, encontrarnos, sentirnos y odiarnos por a veces ser tan iguales pero querernos al respetar nuestras diferencias.
Cómo en dos meses, haces para que sienta que cuando estoy contigo, parezca que llevo viviendo toda una vida a tu lado. Cómo haces para que te sienta como amigo, hermano, novio y padre, sin las barreras y etiquetas que todo el mundo pone.
Y me preguntan todos absortos, cómo.
¿Cómo puedo estar contigo así? Nunca pensé que existiría alguien que aportase justo lo que necesitaba en esta etapa de mi vida; ese compañero que se cruza en mi camino para acompañarme en una parte de mi viaje. Con el que ver la aurora boreal bajo la manta, luchar contra leones de la mano y arrancarnos el sentido a bocados entre sábanas. Y que cuando quiera darme cuenta habrá pasado el tiempo como ya han volado los días hasta llegar a este momento que se me ha hecho como si fuera la calada de un cigarrillo, eterno y breve con el viento. Así me siento. Y sé que llegará ese punto del viaje en el que nos encontraremos con un cruce de caminos, y muchas opciones que elegir, y que nuestros destinos e intereses ya no serán los mismos. Pero aún así, una parte de ti y una parte de mí siempre acompañarán nuestros nuevos rumbos.
Por eso, cuando alguien me pregunta cómo es simple mi respuesta. Yo te quiero tanto, que no te querría de otra forma que no fuera libre. No eres mi posesión, eres una persona que necesita ser entendida como lo que es, con sus quebraderos y sus historias indiferentes a la mía. Yo no puedo escribir tu libro. Pero sí puedo ser partícipe de él en algún capítulo. Y eso es lo que nunca podrán entender por mucho que pregunten, que es que yo nunca te he necesitado ni nunca te voy a necesitar, no eres mi muleta, no eres mi médico de cabecera. Eres esa estrella que aparece en la noche en distintos puntos del mundo, no sólo para mí, a veces iluminas más las noches y otras veces, yaces opaca. Pero por muchas estrellas que haya a tu lado haciéndote la competencia brillando aún más en mi oscuridad, yo te prefiero a ti. Creo que se entiende. Qué es cuestión de elección. No de prioridad.
Y cuando te cuestiones cómo.
Cómo estaremos en un futuro. Vive. Sólo vive. Y disfruta. Porque yo quiero ser la que calce tus zapatos cuando sientas que ya no puedes más, porque quiero que estés cuando tome malas decisiones y me regañes con un: te lo dije. Quiero que seas esa persona que me dé el visto bueno cuando le presente a ese tipo que me vuelve loca. Qué me acompañes en esos momentos tan importantes en mi vida en el que me haga falta ese empujón para seguir adelante. El que me mande postales desde la otra punta del mundo pero me reciba con los brazos abiertos cuando vuelva, pase el tiempo que pase. Del que hablarle a mis hijos y decirles que al final si es verdad que los finales felices existen porque te sigo conservando en mi vida aún habiendo pasado los años. Con el que cotillear sobre chicas y chicos, y decirte el por qué deberías tener algo serio con el amor de tu vida. El que me vea con el vestido de novia y digas lo pivón que estoy pero que cuando me despierte después de la despedida de soltera, me repitas numerosas veces el careto que tengo.
Un día escribí esto: "...para que te dieses cuenta de que las cosas infinitas todavía existen;... nosotros"
Y mis sentimientos que van evolucionando, no a más o a menos, si no de forma diferente según las variables que se presentan, sigo queriendo enseñarles a las putas estrellas, que joder, a través del tiempo, nosotros seremos infinitud.
Te aseguré que jamás volvería
ni a tener una pizca de compasión por ti.
Te prometí que te olvidaría,
cuando pasase el tiempo.
Te juré que no volvería a mirar(te)
ningún estado de whatsapp.
Te he mentido.
Te he vuelto a oler,
en otros cuerpo que no eran tú.
Te he mirado a los ojos
en diferentes colores de iris.
Te saboreé en ese último beso
de aquel desconocido del bar.
Te sentí cuando rompía en lágrimas
y ese amigo de turno me abrazó.
Te volví a releer una y otra vez;
aquellos "te quieros" que alguna vez quizás sentiste.
Pero me he dado cuenta de que los "té"
son más efímeros que una estrella fugaz.
Que te quise, pero que ya no te quiero.
¿Y qué escribes... cuando los versos suenan distintos como si de repente no pudieses expresarte no por falta de inspiración... sino por exceso de contenido?
Mi corazón ha perdido el compás de este vals
que he acabado danzando sola.
Las rimas vuelan en mi cabeza
como si de un nido de pájaros se tratase,
y mis pies se mueven a la par
que aquella luz que me hace vagas señales.
No sé si cuanto más avanzo,
más lejana la veo.
O que si es un juego de luces,
que me atrapan como a una luciérnaga en busca de su mitad.
Viajé de universo en universo a descubrir planetas nuevos.
Pero sólo hallé vacío.
Un vacío que no lo puede llenar ni un millar de estrellas flotando en el manto galáctico.
Ni por mucho que brille la hermosa luna.
Me llena de tedioso hastío volver a traspasar agujeros de gusano,
persiguiendo cometas que quizás no lleven a ninguna parte.
Dicen que si le pides un deseo a una estrella fugaz, con mucha fuerza, se cumple.
Pero dime cuántos deseos han cumplido los astros, si te quedas ahí sentado, dependiente de un milagro.
Por eso dejé de soñar con anhelos y empecé yo misma a ir tras ellos.
Creando mis propios portales a otras galaxias.
Tras mi propio meteorito,
aunque duela,
aunque queme cuando te acerques.
Las bolas de fuego que alcancé, algunas se apagaron.
Otras me rozaron el alma, dejando heridas inadvertidas.
Y sólo unas privilegiadas, se adentraron bien en el fondo, encontrando una salida.
¿Por qué debería esta vez... volver a la persecución?
Hoy
prefiero ser yo la que se siente a observar el cielo nocturno,
a tomar una taza de oxígeno, mi propio veneno,
que no duele tanto como las magulladuras en las que reposo.
Cuando vea ese cuerpo celeste exiguo,
apretaré bien los dientes,
alzaré mis manos a la penumbra
y gritaré bien fuerte.
Porque hoy es de esas noches que salen por los ojos, y de las que sólo el paisaje es testigo, de como una luchadora hinca la rodilla, a descansar el tiempo que dure un eclipse... para luego volver a su odisea.
Y que hoy me sacudo el pasado sin tapujos,
apartándome de quien no me aporte,
en esta ocasión el orden de los factores sí altera el producto
ya que en mi camino acaba siempre la misma piedra.
Ya no pienso en caballeros andantes ni juegos de princesas,
ahora sé, como ya sabía antes,
que valgo más de lo que tu opinión dicte de mí,
que de la torre salgo cuando y como quiera
sin necesidad de nadie más que mi persona.
El sapo se convirtió en villano,
mientras que los monstruos bajo mi cama
me enseñaron la valía de quererme más y mejor.
Mis hermanos resultaron ser como el arco iris,
siempre ahí, cuando les conviene.
Y mis amigos, las estrellas de mi noche,
permanentes en mi cielo desnudo,
pero poco visibles en mis mañanas.
Versos desencadenados, arrítmicos, insulsos,
deseando destejer los vivos colores
de mi tesoro bien oculto.
Reflexionar y luego actuar,
hacer antes de pensar,
amar después de follar,
cantar a la vez que bailar,
rodeada de océano, música,
y tiburones en el profundo mar.
La vida es maravillosa... si la sabes apreciar.
Ridin' down the highway
Goin' to a show Stop in all the by-ways Playin' rock 'n' roll Gettin' robbed Gettin' stoned Gettin' beat up Broken boned Gettin' had Gettin' took I tell you folks It's harder than it looks
It's a long way to the top If you wanna rock 'n' roll It's a long way to the top If you wanna rock 'n' roll If you think it's easy doin' one night stands
"Porque el mito del ave fénix no es un cuento, tan sólo es el reflejo de nuestra propia humanidad."
El ciclo del fénix somos nosotros mismos en varias etapas de nuestra vida.
El tiempo nos apalea desde muy pequeñitos, nos enseña lecciones importantes.
Llega un día en el que todo te sobrepasa,
se te rompe el corazón,
te mueres.
Lo bonito de esto, es cuando renaces de tus cenizas.
Dando una nueva oportunidad a la vida, pero sobretodo a ti.
Me quedo con esa sensación de volver a sentirme desnuda, de ir algo más preparada, de seguir adelante.
Me quedo con esa sensación de renacer de nuevo con una sonrisa de oreja a oreja.
Es como cuando haces el amor, y sabes que vas a llegar al orgasmo. Es justo ese momento.
Antes de llegar al clímax.
Así me siento, en ese estado permanente.
Como cuando tienes hambre y ves muchos platos de apetitosa comida sin saber por cuál empezar.
No siento angustia, es como una acción inacabada pero placentera, de pura inocencia.
Como cuando ves a la persona que te gusta y quieres pedirle un baile, pero no encuentras el momento exacto para cogerle de la mano y llevarla a la pista.
Es estar preparada a lo que se pueda avecinar,
causa y efecto,
tiempo y destino,
tus labios y los míos fundiéndose en un apasionado beso de tornillo.
Hoy soy yo.
Ayer también lo era.
Pero no tanto como lo seré mañana.
Tener el poder de decir: Aquí estoy, allá voy.
Sin arrastrar el lastre del pasado.
Sin cargar más peso innecesario.
Y eso, eso
da felicidad.
It started out as a feeling Which then grew into a hope Which then turned into a quiet thought Which then turned into a quiet word
And then that word grew louder and louder 'Til it was a battle cry
a abrir
un libro viejo que ha estado cerrado mucho tiempo,
y a libro recién estrenado;
a niños
correteando en la playa siendo ellos mismos
y a adultos que juegan al pilla-pilla;
a amor
de dos ancianitos que se besan apasionadamente bajo el sol de verano,
y a dos quinceañeros que rozan sus manos por
primera vez;
a la
libertad de bailar por la calle sin pensar un segundo en los ojos que
te observan;
y a personas que no ocultan su sonrisa de
complacencia;
a día
soleado de domingo,
y a no pensar en el mañana;
a tu
perfume impregnado en la ropa,
y a deleitarse con el recuerdo de tu curva más
bonita;
a
gaviotas reposando en la escasa sombra de la arena,
y a fotografías que salen perfectas;
a poder
con todo, y a dejar las preocupaciones a un lado por un sólo
instante para poder disfrutar de un paisaje maravilloso.
Huele a primavera, sí,
y a ganas de comerse el mundo.
Found my heart and broke it here Made my friends and lost them through the years And I've not seen the roaring fields in so long, I know I've grown But I can't wait to go home
I'm on my way, driving at ninety Down those country lanes singing to Tiny Dancer And I miss the way you make me feel, it's real We watched the sunset over the castle on the hill
Cuanta
verdad tiene esa frase de que las palabritas se las lleva el viento,
así como se lleva la sinceridad, los recuerdos, el amor, el rencor,
las mentiras...
Echo la
vista atrás y observo. Quizás no han creado mejores emoticonos que
los de los monitos del whatsapp. Me representan todos. Porque estoy
ciega, no quiero oírlo, y tan si quiera puedo hablarlo.
Veía
en ti una luz. Como la vi en los demás. Pero resulta que siempre
acabo creyéndome la misma trola de siempre. Os pintáis de
principitos con espada, y escudo, os rasgáis el alma y decís: este
soy yo. El problema es que esa imagen no dura para siempre. Que se
desgasta con el tiempo el guión que teníais montado pero que
siempre es infalible. Una quimera, una bomba de relojería
aplastando sentimientos.
Y dime,
¿lo que sentiste ha sido real? ¿Fue todo de verdad? Yo lo sentí
intensamente. Sin embargo tu red de mentiras se extendió hasta
penetrar en mis venas. Y ya no podía dejarlo pasar más.
Que tal
si eres sincero, no conmigo, sino contigo. Con tus sentimientos, si
es que tienes. Con tus decisiones, si es que puedes. Conmigo, si es
que quieres.
¿Qué
hago yo aquí todavía? ¿Qué hago en medio de tus juegos? ¿Qué
pinto en medio del camino si tú no vas a volver la vista atrás?
Te
creía diferente, pero resultaste ser, como el resto acabó siendo.
No
siento decepción, no siento enfado, la verdad es que... ya no puedo
sentir nada por ti.
Por
fin, he abierto los ojos para ver que ocurre a mi alrededor, he
querido escuchar aunque supiera que no sería nada bueno, y he
abierto la boca para decir: Hasta aquí.
Intenté
recoger tus pedazos uno a uno, estando ahí siempre. Ni supiste
valorarme, ni ver todo el esfuerzo que hice. Ni supiste quererme, ni
mantenerme a tu lado.
No voy
a ir besando a más sapos que con su labia me venden el cuento de su
vida.
¿Cuántas
personas conocerás a lo largo de tu vida?
Esos
amores imposibles que siempre me persiguen. Esas antiguas caras que
quieren volver a mi vida. Hoy puedo mirarlos con suma tranquilidad y
decir que se acabaron estos amores imposibles.
Porque
es tan claro como el agua, tantos quebraderos de cabeza y tantos
tontos encaprichamientos.
Quedé con quien fue el amor de mi vida, mi amor platónico. Estaba nerviosa por volver a
verlo. El corazón pareciese que se me iba a salir del pecho. Me miré
al espejo no una, sino siete veces contadas. Retocando el
maquillaje, las imperfecciones, poniéndome el pelo como sé que le
gustaba, ensayando con mi reflejo algunas frases que tenía
preparadas. Fui delicada con mi vestuario, vistiéndome con aquella
camiseta que tanto te gustaba. Unas gotas de tu perfume favorito y
las emociones a flor de piel.
Estaba
tan, tan nerviosa... Mis mejillas ardían mientras te esperaba en
nuestro sitio especial. Ardían deseosas de tu exhaustiva mirada, de
rozar tu piel.
Me
había enamorado muchas veces, estaba pasando por un mal momento
amoroso, pero nunca había podido olvidar a ese amor imposible que
tan importante fue para mí en el oportuno momento que apareció. Era
de esas personas que te marcan la vida. Que por mucho que sepas que
es algo imposible, se queda infinitamente tatuada en tu piel. Así
era él.
El
momento se acercaba, ya podía ver como caminaba hasta mí con
pasitos cortos, con su mismo caminar de siempre.
Y entonces...
Pasó.
Me
pudieron las ganas y las ilusiones, los recuerdos de lo que fue, de
todos los momentos vividos, y la felicidad que sentía cuando estaba
con él.
Pasó.
Como la vida misma.
Pasó.
Cuando yo ya había aprendido a vivir en el presente.
Y ahí
estaba yo, y ahí estabas tú.
No
podía esperarte eternamente y simplemente, pasó.
Nos
sentamos y nos tocamos. Tú me dijiste que me querías y yo no tenía
respuestas para eso. Sólo podía pensar en disfrutar de esa
agradable charla mientras me contaba su historia y yo le compartía
la mía. Tu mirada llena de vitalidad y deseo. Y mi sonrisa, que ya,
no era la misma contigo
Comprendí
que tuvimos nuestro momento, que me enseñaste grandes cosas, y que
disfruté tanto que pensaba que la felicidad eran tu nombre y
apellidos. Después llegaron más como tú,
vendiéndome sus preciosos cuentos que yo me creí mil y una veces.
Pasó.
Pasó... que no
sentí lo mismo, no sentí cosquillas en el estómago, el gusanito
había muerto de hambre. Y aún así, yo no podía estar más contenta. He aprendido a
quererte, a apreciarte tal cuál, a no exigirte, a disfrutar el
presente, sin pensar en un futuro ni en quizás, sin echar un vistazo
al pasado para perderme en los recuerdos. Sólo tú y yo, ahora,
conversando, como dos desconocidos que se conocen bastante bien.
Y fue
entonces cuando me di cuenta de la importancia de las personas cuando
llegan en el momento justo y te dejan su esencia. Se van. Vuelven.
Otros no. Pero ellos nunca sabrán lo importantes que fueron en esa
etapa de mi vida, no sabrán lo que me han influido a la hora de
tomar mis propias decisiones.
La vida
se compone de momentos infinitos,
algunos finales son algo amargos,
pero
necesarios en nuestras vidas.
Hay que saber tomar lo bueno de ellos, y quedarnos con la moraleja.
Me
siento bien, me siento segura, me siento con un remolino de
sentimientos a los que acabo de quitar la anilla y están por
explotar en cualquier momento.
¿No es
increíble? ¿No es hermosa la vida?
Me
siento viva, me siento humana, me siento como una mariposa que alza
su vuelo guiada por el viento, recién nacida, ingenua, deseando
comerse el mundo.
¿Qué
curiosas son las cosas, eh? Ayer llorando, hoy riendo. Hace un año
creía que no podía seguir, que estaba estancada, que no sería capaz...y
mírame ahora, saliendo adelante poco a poco, manteniéndome a flote,
un salvavidas en medio del inmenso mar.
¿No es
maravillosa la vida? Que tengo el lujo de sentir, de ser débil y
caer, de levantarme y poder con todo, de reír, soñar, llorar, amar,
odiar, crecer, madurar.
Vaya
años... No puedo quejarme, estoy en contínuo aprendizaje, el
mundo me amolda a su forma, mi maestra, guiándome por esta sinuosa
carretera de la cuál yo soy la que elige que camino tomar. Y eso lo hace más emocionante aún, que por muchos baches que haya, soy yo la
que decide cruzarlos o no, que por muchas flechas que me indiquen a dónde
debo llegar, yo conduzco hasta sentirme como un pájaro al que acaban
de sacar de su jaula.
Sí,
tengo preocupaciones, como todas las personas. Al igual que para un
niño su mayor preocupación es jugar incansable hasta dejarse
amoratadas las rodillas como para un adulto en paro, no perder la
casa. ¿Piensas que no es lo mismo? Yo lo veo igual. Cada uno tiene
sus metas y obstáculos, pasando por distintas facetas a lo largo del
tiempo; y también lo hacen las preocupaciones.
Pero
pienso en ese peso que cargo. Pienso, pienso y pienso. Y ya no quiero
pensar más.
Quiero
actuar. Quitarme esa carga que me hace ir más lenta. Y veo que no me
cuesta nada hacerlo.
Nosotros
decidimos qué tipo de peso queremos llevar, si compartirlo o ser
independientes, si dejar que lo lleve otro, o descargar la mercancía,
si regalarlo o moldearlo hasta convertirlo en victorias, y no en
fracasos.
Me
siento libre, me siento feliz, contenta, alegre. Ahora lo entiendo.
Una
noche de Marzo, una joven de ojos tristes se hallaba contemplando una
hermosa luna llena, despejada y sola, sin el arropo de las estrellas.
Y se preguntó cómo no se sentía sola sin ellas. Sin embargo, la
luna no se hunde, si no que sale todos los días a alumbrarnos las
noches de nuestras insulsas vidas vacías. Una despejada noche de
Marzo, una chica de ojos tristes habló a la resplandeciente luna,
pero ésta no respondió. La luna, sabia y cambiante, observa
nuestros pasos, nuestro camino, qué estupidez estar triste cuando
estás vivo, tiene que pensar ella. La joven de ojos tristones lo
entendió. Vaya lágrimas había derramado en vano, vaya curva más
bonita se le dibujó en la comisura de los labios. Qué gran
espectáculo se fundió en el manto de la noche, cuán amigas se
hicieron.
Que
descargada me siento ahora. Renovada de energía, de ideas, de
oportunidades, de libertad, y felicidad. Que difícil se me hizo
soltar la cuerda que con tanto ahínco agarraba, y que fácil me fue
después, cuando la herida vio la luz.
Se
avecinan cambios, momento bonitos y feos, nuevas enseñanzas, y
grandes placeres. Vive, joder, vive, haz que valga la pena el latir
de tu asustado corazón. Siente. Y si te equivocas, te equivocaste.
Errar es de humanos.